FAY
A la mañana siguiente, tras despertar, obsevé mucho ajetreo por los pasillos del Instituto. Las chicas de nuestro ala iban y venían, nerviosas, aceleradas, pero con rostros apagados y llenos de resentimiento. Me quedé allí, en el marco de la puerta con la espalda apollada sobre el mismo, observándolas. Al final del pasillo, Cornelia hacía lo mismo que yo. Susperaba, traqueteaba con el pie nerviosa. No había nada que hacer. -¿Qué miras?- preguntó Diana a mis espaldas. Tenía especiales dificultades para atarse los cordones de las botas desde que tenía aquellos complicados vendajes rodeando su pierna, por ello, terminaba de vestirse muco después que yo.
-Las chicas, se van- señalé con la voz apagada. Diana me miró con rostro ligeramente indiferente. Supuse que lo había sospechado tanto como yo aquel hecho desde hacía unos días, por lo que no supuso para ella ninguna sorpresa.
-No las culpo. La verdad es que yo también tengo miedo- No dije nada después de que ella hablase. Sentía qe si respondia o hablaba mas de la cuenta, mi amiga descrubriria mis verdaders sentimientos. De hecho, sabía que había estado intentando soncarámerlos, pero consegui evitarla. –Es ala de los chicos debe estar igual-
-¿Tú crees que Caleb y Haytham se irán?-
-No lo se, fay… El nivel de valentía que hay que tener para seguir aquí… casi no se puede medir- murmuró. Al devolver la vista al pasillo, encontré al profesor Dassadow, el padre de Diana, acercándose a nuestra habitación –Diana, tu padre- la avisé. Parecía incómodo al caminar, cruzando un pasillo encargado a Cornelia y habitado solo por mujeres. La chica se puso en pie rápido, justo al tiempo en el que el profesor llegó hasta dnde estaba yo.
-Fayara, buenos días. ¿Mi hija…?-
-¿Qué haces aquí?- preguntó ella desde mi espalda. Rápidamente, deduje que aquel ya no era un sitio en el que yo deviese estar. Respiré tensión y actué rápido.
-Voy a desayunar. Diana, nos vemos en el comedor cuando puedas. Si me disculpa…- murmuré por último, pasando por debajo del brazo del profesor y cruzando el pasillo con celeridad. Sólo se me ocurría una razón por la que el profesor Dassadow habría decidido visitar a su hija en un horario tan temprano y un día como aquel. Me encaminé rápido hacia el comedor. Tenía que contárselo a los demás.
DIANA
Mi padre cerró la puerta a sus espaldas, como quien oculta algo valioso que quisiera protefer. Después, se dirigió hacia el armario donde Fay y yo guardábamos nuestra ropa y uniforme, y antes de echar mano a las prendas, frunció el ceño –Diana, no distingo tus ropas de las de tu compañera- aclaró –Ayúdame un poco-
-¿A qué?- pregunté perpleja, pero temiendome sus intenciones.
-A hacer tu equipaje, por supuesto-
-¿Mi equipaje?- pregunté con un deje aireado –Perdona pero no te entiendo-
-No hay nada que entender. He avisado a tu madre para que sepa que llegarás esta misma tarde a casa-
-¡¿Qué?!- le encaré. Como me temía, mi padre empezaba a hacer lo que durante muchos años había acostumbrado a hacer, dada su posición. Decidir sobre mí –No pienso irme de aquí-
-Lo siento, hija, pero me temo que es lo que debes hacer-
-Venir aquí era lo que también debía hacer-
-Sí, pero antes de que los nigromantes volviesen ¿Lo entiendes? De haberlo sabido, Diana, Jamás te hubiese animado a venir aquí – murmuró mientras sacaba mi maleta de debajo de la cama. Inertupe mi pie sano en su tarea, con una reacción algo violenta.
-Deja las cosas, papá. No me voy a marchar-
-Sí, lo vas a hacer-
-La Regente ha dicho que es voluntad nuestra decidir si nos marchamos o no-
-Y es voluntad de tu padre que te vayas- de un tirón, sacó la maleta del todo. La abrió y la dejó sobre la cama, comenzando a guardar enseres que reconoció como míos.
-En el Instituto no eres mi padre, eres mi profesor- le gruñí –Así que deja mis cosas donde estaban porque no pienso marcharme. Voy a ser maga. Una maga reconocida, ¿Recuerdas? Para eso vine. Y hasta que no lo consiga, te juro que no pienso darme por vencida-
-¡Deja de decir sandeces!-
-¡Deja tú de meterte en mi vida!- le volví a encarar, muy cerca de su cara. En sus ojos, encontré a ese hombre blando y amable que era realmente mi padre. Un hombre tan dócil que llegaba a parecer cobarde –No me voy. Llama a mamá y dile que no voy a hacerte caso. Voy a seguir aquí y no va a ocurrirme nada-
-Si que te puede pasar, Diana. Tus compañeros… Es horrible lo que les ha ocurrido. ¿Sabes lo destrozada que estaría tu madre si hubieses sido tu la que hubiese quedado sepultada y muerta en aquella cripta? ¿Sabes que yo… me quedaría muerto sin ti?- confesó. Al oir aquello, enmudecí. Sus ojos, ahora, se habían enlagrimado. ¿Cuántas vueltas le había dado a esa idea para sentir aquel temor?
-Si tanto miedo te da ¿Por qué te daba igual que estuviese aquí con un profesor que fue nigromante?- Ante mi pregunta, mi padre se quedó sin palabras. Dejó sus tareas de recogida y se quitó las gafas de visión.
-¿Qué…?-
-Lo que oyes. Sé que lo sabes. Sé que sabes quien es Norman realmente- confesé –Y aunque parece que todos vosotros sí… yo no me fío de él. Porque lo que ocurrió allí, en Hamut Thera, está relacionado con él. Yo estaba allí- añadí. Sentí que los ojos se me enlagrimaban a mi también. Tenía demasiadas emociones mezcladas después de aquellos intensos y horribles días, y de alguna forma, empezaban a brotar -¿Sabes lo que sentí, papá? ¿Sabes lo que pasó por mi cabeza cuando pude atar cabos? ¿Cuándo estaba sepultada bajo kilos de tierra y arena, agonizando?... Que no quería que la magia fuese usada de esa manera- le miré atentamene- Tú me enseñaste, desde muy pequeña, que la magia debe ser usada para hacer el bien. Que por eso existen los maos, la Asamblea, el Instituto y el resto de instituciones mágicas que regulan su uso. Que yo podría ser alguien… una maga muy buena, capaz de ayudar a la comunidad mágica y a los mutis, mutis como mamá. Me da igual que sea siendo invocadora, herborista, alquimista como tú, como sea… Yo solo quería y quiero estudiar magia porque tú me la inculcaste. Me esforcé mucho en los exámenes para pasar el corte. Y ahora que estoy aquí… ahora que sé que hay gente que usa algo vivo y latente en mí, en ti y en todos, para hacer lo contrario que yo quiero, cosas horribles… ahora es cuando más deseo quedarme aquí- tenía los puños firmemente apretados. Mi padre no se movió ni un ápice –Si me voy, papá… ellos ganarán. Si desistimos, si no somos valientes… ellos usarán la magia y la volveán oscura- casi no podía pestañear diciendo aquello, pues estaba convencida de mis palabras y sólo quise transmitírselas lo mejor posible –Tu no me has educado toda una vida para ahora rendirme… y lo sabes-
-Diana…-
-Y por eso no voy a irme. Haz mis maletas, envialas a casa. Rompe mi matricula, exige a Loreen qe me abra un expediente disciplinario sin motivos para así expulsarme ¡Lo que quieras! Pero no… me voy… a ir- después de decir todo aquello, solté el aire que había estadoacumulando. Me dirigí a la puerta y salí de la habitación lo mejor que las muletas me dejaron. Mi padre se quedó en la habitación sin más palabras que decir. Me conocía y sabía que no podía hacer más por convencerme, menos aún si me había basado y argumentado en sus propias enseñanzas para discutirle y mostrarle que me había convertido e la mujer que él siempre había querido. No iba a irme. No había nada más que hablar.
Cuando llegué al comedor, encontré la expectante mirada de Caleb, Fay y Haytham examinándome conforme me acercaba. Me senté junto a ellos, intentando tranquilizarme. –Diana, si tu te vas, me voy yo también- dijo Fay con un tono de voz decidido.
-¿Qué? ¿Por qué?-
-Lo he estado pensando. Realmente, me quiero ir. Me da miedo estar aquí, pánico. Tengo pesadillas por las noches que no me deja conciliar el sueño. Pero si no he renunciado ya, es por ti. Tú arriesgaste tu primer día de clase, los inicios de tu formación, para que yo entrase en el Instituto. Si me negase ahora a seguir estaría faltándote el respeto como compañera y como amiga-
-Pero, Fay…-
-Pero si te vas… haré lo mismo. Eres tú quien me da fuerzas para seguir, Diana. Quiero llegar a ser como tu- le brillaban los ojos, de un oscuro precioso como el cielo en la noche. No me esperé esa confesión –Quiero superar mis miedos, quiero ser decidida, resolutiva, tanto como tú lo eres. Y necesito que me ayudes. Si te fueras ya no tendría nada sentido-
-Pero no me voy a ir. Nunca- aclaré.
-¡¿De verdad?!- Caleb se levantó del asiento dando un salto eufórico. No me esperé tampoco su reacción. En seguida, se tranquilizó y volvió a su sitio, avergonzado por si pequeña llamada de atención –Es que… Fay nos ha contado que tu padre ha ido a verte a la habitación. Supusimos que sería para hacer que te marcharas. Y si te vas… se rompe el grupo-
-¿Romperse?-
-Claro. Somos un grupo ¿No? Donde va uno, van los otros tres. Es así. Fay y tú os compentrráis como Haytham y yo lo hacemos. Los cuatro juntos podemos llegar a hacer grandes cosas. Nos llevamos bien. Y si tú te vas… bueno… nos quedamos cojos. Y mancos, porque si te fueses a Haytham le daría un ataqye. No para de hablar de ti en la habitación- Al decir aquello Haytham le dio un codazo severo a Caleb en las costillas, y yo, sentí que las mejillas me ardían por un instante – ¿Qué? Si parece que dependes de ella, tío- bromeó.
-Bueno… es verdad que mi padre ha venido para obligarme, pero lo cierto es que no me voy a ir. Él no me puede obligar, es mi decisión… no voy a romper el grupo- sonreí.
-Entonces yo tampoco-
-Ni yo-
-Yo tampoco me iré- los cuatro, extendimos la mano sobre la mesa, colocándolas una sobre la otra.
-Vamos a parar lo que sea que se avecina- sentencié –El Instituto nos ha escogido porque somos buenos y porque nos necesita-
-Seguiremos estudiando. En poco tiempo, lo que ha ocurrido en Hamut Thera no volverá a suceder más-
-Nosotros lo detendremos. En Instituto lo detendrá-
-Juntos…-
-Vamos a ser grandes magos-
SEGUNDA PARTE
CORNELIA
Llegó el invierno, y con él, los exámenes teóricos.
La normalidad parecía haber vuelto a las aulas. Los profesores, impartimos clases bajo la orden estricta de aparentar que nada había ocurrido y nada más sucedería. Aun con muy pocos alumnos, las materias se impartieron y los agobios, como era normal, afloraron.
En Herboristeria y Otros Usos, los había capaces y los había aun muy verdes. Y aunque esto último pudiese ser acorde a mi asignatura, no, no era nada bueno. Caleb, por ejemplo, era uno de ellos.
Di, como profesora entusiasta, todo mi esfuerzo para que los alumnos comprendieran durante todas aquellas semanas, los usos mágicos que se podía dar a determinadas hierbas si éstas eran encantadas bajo hechizos básicos y sencillos. Pareció que esos mismos esfuerzos no llegaron a sus molleras duras. Se quejaban, preguntaban una y mil veces las mismas cuestiones, divagaban en clase… Ya podía verme, sola y amargada, cuando el curso actual terminase y no recibiese ni una sola solicitud de especialización para el siguiente curso, tras el año práctico.
Elegí el último día de clase antes de las vacaciones como fecha para que los alumnos realizaran el examen de mi asignatura. Por lo que me dijo Fay aquel día, justo antes de entrar a clase, fue mi exámen el último que iban a realizar después de varios días examinándose de otras asignaturas. Y era cierto. Lo noté en sus caras cuando ya todos ocupaban sus asientos, nerviosos y disgustados. Sus caras estaban mustias, apagadas y cansadas. Vo incluso algunos gestos de derrota.
Repartí los exámenes casi sin piedad, para luego sentarme sobre mi mesa y observar que no hicieran ningún tipo de trampa. Así, durante dos horas.
Cuando llegó el fin de la clase, los ánimos cambiaron por completo. Los alumnos saltaron de sus asientos justo antes de entregarme el exámen como si fuese un mero papel sin importancia. Algunas chicas se abrazaron. Stark se marcó un bailecito de lo más cutre. –Que tengáis buenas vacaciones, chicos. Aprovechad que estáis en casa para repa…- no pude hablar más. Se habían esfumado, como una enorme manada de ñues asustados. –Bah, que os den- murmuré en voz baja. No es que los odiase. Pero ellos iban a tener vacaciones y yo no.
Normalmente, los profesores del Instituto no regresaban a sus hogares durante las vacaciones. El profesor que conseguía una plaza para formar a futuros magos, debía reconocer al Instituto como su propia casa, puesto que su vida y su trabajo residirían ahí. Como aquel era mi primer año, me empezaba a costar. Aunque claro, aquí al menos iba a estar acompañada.
Tras ordenar los exámenes, los llevé a la sala de profesores. Allí estaban todos, algo animados a pesar de que ninguno iba a irse a casa. Algunos ya corregían los exámenes que habían expuesto días anteriores. Otros, se los estregaban a Loreen, pues era ella quien hacía un último revisionado de todos. Nadie ponía en duda que la Regente era la maga más competente de todos quienes estábamos allí. Sin embargo, ese día destacaba otra persona. Mathilda estaba pletórica. Recogía algunas cosas de su mesa con rapidez. -¿Qué le pasa a esta…?- pregunté en voz baja a Loreen mientras dejaba los exámenes sobre mi mesa.
-¿Has dicho algo, querida?- Mathilda tenía el oído demasiado fino.
-Solo me preguntaba por qué estás tan radiante. ¿Los alumnos ya te han dicho que les gustaría especializarse en Ilusión?-
-¡Que va! Aun no me han dicho nada. Los pobres chiquillos están desubicados. Diría que aún ninguno a descubierto su propio potencial. Lo que me ocurre es que me voy-
-¿Qué te vas?-
-Sí, a casa- La miré sin pestañear. Debió ver en mi cara una acumulación de dudas demasiado grande –He acumulado todos los días de permiso docente para gastarlos en invierno. ¡Vacaciones!- rió como una ardilla.
-No sabía que eso estaba permitido…- lancé una mirada criminal a Loreen, quien puso los ojos en blanco. ¡Muy lista, Regente! Había cosas que no convenía decir a los profesores ¿Verdad?
-Bueno, me temo que tengo prisa. Me espera mi pareja en la Puerta de Panthoss- Si hubiese tenido algún líquido en la boca, lo hubiese escupido.
-¿Novio?-
-Sí ¡Kévin es un mutis majisimo! Su falta de magia se ve totalmente oculta bajo su tremendo humor-
-Y sus ganas de aguantarte…-
-¿Has dicho algo, cielo?-
-Eh... sí. ¿Ya tienes el permiso para decirle quien eres realmente?-
-¡Claro! Hace dos meses que lo sabe. ¡Estamos hechos el uno para el otro!- otra vez, esa risita de ardilla. Me crispó los nervios y me sentí ofendida. ¿Por qué alguien como Mathilda tenía pareja y yo no? Yo era mejor. Más lista, más existosa, más guapa, menos rosa…-
-¡Disfrutad de las vacaciones dentro del Instituto todo lo que podáis! ¡Hasta dentro de unas semanas! ¡Chao!- Y como una pelusa rosa llevada por el viento. Se marchó. Bufé.
-Las hay que tienen suerte.-
DIANA
Cruzada de brazos. Fui la única alumna que estaba cruzada de brazos, quieta en el sitio, sin moverse, sin una pizca de euforia, a las puertas del bosque que separaba el Instituto de las carreteras mutis. Allí, frente a nosotros, estaba el mismo barco de golems que hacía unos meses nos trajo hasta aquí. Ahora, todos volvían a sus casas de forma temporal, para ver a sus familias, abrazarlas y sentirse seguros en su hogar. Todos, menos yo.
-Te traeré un regalo de Navidad ¿Vale? Algo muy bonito. No estés triste- Fay puso sus manos en mis mejillas. No, no iba a sonreir.
-Pero aun así me quedo sola…-
-Vamos, Diana. Es toda una experiencia el tener todo el Instituto para ti sola. Seguro que durante muchos años, algunos alumnos habrían deseado no volver a sus casas e indagar los recónditos pasillos de la escuela ahora que los profesores tienen bajada la guardia- Las palabras de Caleb tampoco me iban a hacer sonreír. No le veía nada bueno por ningún lado.
-Pero seguiré sola-
-Tienes a tu padre contigo, Di. Nosotros no hemos visto a los nuestros en meses- A Fay no le faltaba razón –Y él seguirá aquí. No volverás a casa, pero sí estarás con él. ¿Para eso están las vacaciones, no? Para estar en familia-
-Pero mi padre seguirá trabajando… no es como volver a casa y sentarnos en la mesa a cenar. Él en su despacho, yo en mi habitación… es distinto-
-¿Por qué no vienes a mi casa? Tengo una habitación de sobra y mi padre seguro que querrá que te quedes en cuanto le hable de ti- En los ojos de la chica, vi que su propio plan le hacía la mar de ilusión.
-No puedo… mi madre viene en unos días y también ha estado muy asustada por lo que pasó. Quiere verme, y yo a ella-
-Entonces haz como si nada, Di- Caleb puso su mano en mi hombro –Seguro que se te pasa rápido. Son solo cuatro semanas. Antes de que te lo esperes, ya estaremos aquí-
-Pobre Dianita, se queda solita con papaíto- Alister pasó por nuestro lado. Supongo que su pequeño cerebro necesitaba intentar humillar a alguien antes de irse. No le hicimos caso.
El barco emitió un pitido grave y largo. Era la hora de marcharse. –Cuidaos- dije simplemente. Aun cruzada de brazos, Caleb y Fay me abrazaron con fuerza. Eramos una piña. O un sándwich.
Tras el abrazo, los dos se marcharon –Eso, cuídate- Haytham estaba ahora a mi lado. Con su brazo aún algo torpe, le había costado un poco volver a hacer sus maletas y llegaba de los últimos para tomar el barco. Le miré, pero de una forma distinta a la que miré a Fay o Caleb. Haytham, un chico que en principio había sido tan problemático, alguien que ocultaba algunos secretos que no quería preguntar, había supuesto para mí demasiada ayuda.
–Cuídate tú también, mucho- No supe que más decir o hacer. No me atrevía, por alguna razón, a abrazarle como lo había hecho con los demás. Había algo nervioso o algo de vergüenza que vencía en mí esos ánimos. El chico se rascó la nuca. ¿Él tampoco hacía nada?
-Lo intentaré. Es un poco más difícil hacerlo cuando no tienes familia… pero lo haré- Aquellas palabras me dejaron en blanco por un momento. ¡¿Qué?!
-Espera… ¿No tienes familia?- El barco volvió a pitar. Haytham debía irse.
-Sí… solo una madre, pero no está en condiciones, digamos. Está en la cárcel. Tampoco me quedan familiares que se hagan cargo de mí, que yo sepa-
-Entonces ¿A dónde vas ahora?-
-A una casa de acogida. Allí llevo unos años viviendo. Me tratan bien-
-Haytham… no lo sabía. ¿Por qué no me lo habías dicho?- me sentía triste y consternada, por alguna razón.
-No es importante. No te preocupes-
-Pero… podrías quedarte. Loreen lo entendería- otro pitido.
-Di, no pasa nada, de verdad-
-Pero…-
-Me tengo que ir- El barco volvió a emitir aquel sonido. Era el último aviso. Y ese último aviso fue como un impulso. Le tomé de la mano y me puse de puntillas para poder alcanzarle el rostro y darle un corto beso en la mejilla. Después, me separé de él como si quemase. –Prometeme que te vas a cuidar bien. ¿Vale?...-
Finalmente, el barco se marchó. Ayudándome de una sola muleta, me giré para observar el gran castillo de piedra oscura que era el Instutito. No era el estar sola lo que realmente no deseaba. Simplemente… ya no me sentía segura en aquel lugar.
-Lo intentaré. Es un poco más difícil hacerlo cuando no tienes familia… pero lo haré- Aquellas palabras me dejaron en blanco por un momento. ¡¿Qué?!
-Espera… ¿No tienes familia?- El barco volvió a pitar. Haytham debía irse.
-Sí… solo una madre, pero no está en condiciones, digamos. Está en la cárcel. Tampoco me quedan familiares que se hagan cargo de mí, que yo sepa-
-Entonces ¿A dónde vas ahora?-
-A una casa de acogida. Allí llevo unos años viviendo. Me tratan bien-
-Haytham… no lo sabía. ¿Por qué no me lo habías dicho?- me sentía triste y consternada, por alguna razón.
-No es importante. No te preocupes-
-Pero… podrías quedarte. Loreen lo entendería- otro pitido.
-Di, no pasa nada, de verdad-
-Pero…-
-Me tengo que ir- El barco volvió a emitir aquel sonido. Era el último aviso. Y ese último aviso fue como un impulso. Le tomé de la mano y me puse de puntillas para poder alcanzarle el rostro y darle un corto beso en la mejilla. Después, me separé de él como si quemase. –Prometeme que te vas a cuidar bien. ¿Vale?...-
Finalmente, el barco se marchó. Ayudándome de una sola muleta, me giré para observar el gran castillo de piedra oscura que era el Instutito. No era el estar sola lo que realmente no deseaba. Simplemente… ya no me sentía segura en aquel lugar.