Norman
Ver a Diana al otro lado de la puerta cuando salí de mi despacho era lo que menos esperaba encontrar aquella noche. Al parecer, como decía, tenía que entregarle algo a su padre. Cuando los mostró deduje que se trataba del trabajo que Loreen le había encargado. Al ver el tamaño de esos apuntes que hizo me cuestioné la crueldad de la Regente. Vale que yo no era el profesor más agradable, sensible y suave de los que había en el Instituto. De hecho, oficialmente ni siquiera tenía la titulación de profesor, pero considero que es más llevadero lanzarte un par de hechizos a la cara con un alumno que mandarle a escribir y escribir chorradas que ya estan registradas en decenas de libros a lo largo y ancho del mundo -Puedes dejármelo a mí si quieres, claro- me ofrecí, al verla un tanto cansada. Las horas se le estaban viniendo encima desde luego -Se lo daré en cuanto lo vea- tomé los apuntes y los ojeé de nuevo. Tenía una letra preciosa -Oye... Diana- dije antes de que pudiera marcharse -No voy a cuestionar si tienes permiso o no para estar aquí- le dije con un tono suave. La chica me miraba pensativa -Quiero decir... Lo siento, por lo de hoy, lo de antes en clase- suspiré -No quiero que me consideres un profesor demasiado duro. Sólo lo suficiente- Diana mostró una sonrisa nerviosa ¿Demasiado duro? Sólo pensaba en que como cualquier otro profesor, le regañaría por estar a esas horas fuera de la cama -Pues no te regañaré, al menos por hoy. Considéralo parte de la disculpa. Aun así no creo que haya demasiada prisa por entregarle esto a tu padre- ya empezaba a liarme yo mismo sobre si debía regañarla o no -El caso, que desvarío, es que quiero disculparme por si me he excedido en mi clase. No pretendía humillarte, ni pretendía hacerte daño- Diana asintió. Dijo que ya lo sabía -¿De verdad?- una media sonrisa adornó mi rostro -Oye...- me atreví a dar un paso hacia ella y posar una mano en su hombro, con cuidado, sin parecer ofensivo u hostil -Realmente valoro la actitud que tuviste, aunque tuve que ejercer parte de castigo en mi clase por ello. Mantengo que es peligroso y recomiendo que no vuelvas a hacerlo. Al menos sola. Busca alguna alternativa. Sé que es horrible cargar con el dolor que has ocasionado a otras personas- sonreí comprensivo -Sólo quiero que sepas Diana que me alegra, como... profesor, saber que hay gente capaz en este lugar. No capaz de realizar hechizos con prestreza y habilidad. Eso es muy fácil. Gente como tú, capaz de sacrificarse por los demás, por buena voluntad... eso es cuanto se necesita- la chica me miraba, comprendí, como quien mira a un abuelo que divaga sobre sus batallas. Ambos nos mantuvimos la mirada durante unos segundos en silencio. Entonces pude comprobar la pureza de su alma. Aparté la mano de su hombro al instante, en cuanto lo percibí. No podía mancharla. No quería estropearla. Aunque a su vez, temí -¿Puedo preguntarte algo?- ella asintió -¿Alguna vez te han hablado de la Oscuridad?-
-¿Qué demonios ocurre?- preguntó de pronto Henry, sobresaltándonos -¿Qué hacéis los dos en las penumbras del pasillo hablando a solas?- llegó como un toro, con esa actitud fiera y protectora que sólo un padre o una madre sabe mostrar cuando su descendencia está en peligro. Me sentí mal por no sentirme mínimamente intimidado siquiera. Henry era un pedazo de pan
-Sólo ha venido a traer esto- le entregué los apuntes
-Ah, el trabajo- lo tomó con premura -Diana, deberías haberte esperado. Deambular por los pasillos en la noche no está bien visto ¿O es que quieres que te castiguen de nuevo? Por favor, no más- regañó con suavidad
-Vamos Henry, no es para tanto. Estaba con un profesor- sonreí
-Estaba contigo, Norman. Y es parte del problema-
-Oye, si es por lo de mi clase, ya me he disculpado ¿Verdad?- Diana asintió
-Disculpado o no, hiciste lo que hiciste. Te excediste. Y no debería extrañarme de alguien como tú-
-Entiendo que estás ofendido por el trato indevido a un alumno que además es tu hija- suspiré paciente -Así que aceptaré tus insidiosas insinuaciones y me volveré a mi habitación-
-Será lo mejor- concluyó el hombre -Y tú, jovencita, regresa a la cama. Y a dormir de una santa vez. A estas horas... verás cuánto te va a costar levantarte mañana ¡Más te vale no quedarte dormida a la hora del desayuno!- la chica se marchó mientras yo casi cerraba la puerta de mi despacho. Antes de que la puerta se cerrara completamente, vi a Henry clavando en mí una mirada de desaprobación que ya me anunciaba que mi relación con él no sería fácil de restablecer. O mejor dicho, de establecerse por primera vez.
Caleb
Bostecé hasta límites que casi creí que mi mandíbula iba a separarse por completo de mi craneo. Dios, qué sueño tenía. Con los ojos pesarosos, vi cómo Diana y Fay me miraban riéndose desde el otro lado de la mesa -¿Qué? ¿Poco conciliar el sueño?- preguntó la tímida chica
-Es difícil dormir con este al lado...- me froté los ojos, señalando con la cabeza a Haytham
-No le gusta hablar de criaturas mágicas para dormir- se encogió de hombros, devorando un bollo de chocolate
-No, no me gusta. A la hora de dormir, lo que me gusta es dormir- aclaré
-No hay nada mejor para conciliar el sueño que leer sobre gárgolas y otras criaturas similares- comentó Haytham
-¿Gárgolas?- preguntó Fay, reflexiva, jugando con su pelo -¿No son lo mismo que un golem?-
-Nooooooo...- suspiré, abatido. Mi cabeza cayó pesada sobre la mesa con un sonoro golpe seco. Maldita sea, Fay. Habías abierto la caja de pandora. Los ojos de Haytham se iluminaron como faroles mágicos
-En absoluto ¡En absoluto! Las gárgolas, a diferencia de los golems, no son criaturas artificiales per sé. Verás, es extraño. En el Registro de Criaturas y Otras Maravillas se cuenta que Arnold Fitzgerald, gran y reputado mago de hace muchos años, investigador principal de la Via Oculta, una escuela ya cerrada exclusivamente dedicada a la disección y estudio de seres mágicos, establece que las gárgolas son parcialmente artificiales. Al parecer, sí, en su día, eran simplemente estatuas de piedra, típicas decoraciones de catedrales o en honor a creencias antiguas. Hoy en día son cuasi orgánicas. Sea quien fuera quien las dotó de vida, a diferencia de los golems, estas llegaron más allá. Adquirieron su propio "adn", adoptaron un modus vivendi, aprendieron incluso a reproducirse. Esa es la más clara diferencia y el por qué rara vez ves una gárgola completamente idéntica a la otra, pero tampoco con diferencias destacables. Los golems prácticamente son todos iguales porque se los crea al momento para realizar una labor. Jamás verás a un golem intimar con otro golem, apenas carecen de lo que llamamos alma, entonces...- Haytham habló y habló durante largos, larguísimos minutos. Fay le miraba casi asustada. Empezaba a comprender el horror que acababa de desatar sobre sus hombros. Diana sin embargo reía, con mirada triunfante, devorando los bollos que Haytham no se comía por estar hablando. Ella era la clara vencedora. Pude percatarme al menos de que lo miraba con simpatía. Quizá se debía a su forma de defender los ideales y las acciones de la chica frente a Norman. Pero me complació ver que entre nosotros comenzaba a haber un vínculo y que hacia Haytham empezaba a haber un sentimiento de cercanía. A pesar de que fuese un entusiasta hasta el hastío, era un chico que me caía bien. Afortunadamente, la charla de Haytham se vio interrumpida no mucho depués de comenzar, debido a que las puertas se abrieron con cierta virulencia, mostrando a todo el profesorado entrar en la sala como un vendabal. La Regente Loreen se aproximó hasta la mesa de los profesores, seguida por el resto. La mesa de los profesores tenía una forma ligeramente piramidal, de forma que la Regente quedaba sentada en la parte más alta mientras que los profesores estaban a cada lado en posiciones descendentes. Aquello no era un orden jerárquico, salvo para la Regente. Desde su posición más elevada podía ser vista y ver a todos los presentes. Fue entonces cuando dio una fuerte palmada que llamó la atención de todos los alumnos y nos hizo callar al instante
-Alumnos y alumnas del Instituto, hoy es un día importante- dijo con seriedad -Y no porque sea un día que celebrar, precisamente. Apenas hemos empezado el curso y ya estamos sufriendo graves problemas con los alumnos, así que me veo obligada a una situación un tanto vergonzosa. Hoy, en este descanso, por vez única, voy a exponer las normas de este sacro lugar y las prohibiciones que conlleva el estar aquí. Diré, al menos, las más importantes, referidas a la magia y al comportamiento del alumno. Por favor, estad bien atentos y no perdáis detalle. Si decidís hacer caso omiso a mis palabras, no es de mi agrado anunciar que vuestro desconocimiento de la normativa no os protegerá de cualquier infracción cometida en un futuro- se hizo el silencio. Casi se oía el respirar de los alumnos, algunos algo nerviosos -Bien... comenzaré por el uso indebido de la magia: No, y repito, no se pueden utilizar hechizos fuera del Instituto bajo ningún concepto salvo contadas ocasiones por rigor estudiantil o práctico bajo la supervisión de un profesor o tutor por vuestra seguridad y la del mundo mágico, lo cual me lleva al siguiente punto. Los mutis viven su vida cotidiana de forma tranquila, ignorando por completo nuestra existencia. Hay casos excepcionales, por supuesto, en que un mago se ha enamorado de un mutis y por lo tanto, ha terminado sabiendo del mundo mágico. Aun así, son casos realmente extraños por los que uno no puede ser confiado. Un uso inapropiado de la magia podría llevaros a la situación de que algún mutis no autorizado os viese y entonces estariamos en un grave problema. No ha sido la primera ni será la última vez que alguna vez alguno ha visto u oido algo y las consecuencias llegaron a ser catastróficas en años pasados. Los mutis y su pensamiento son sencillos, y su falta de comprensión sobre la realidad que desconocen les lleva a destruir todo lo que les parece que escapa a su control- hubo un tenso silencio tras aquellas palabras -Hay que añadir que está terminantemente prohibido que alumnos como vosotros tengáis en vuestro poder y conocimiento hechizos que aún estáis lejos de poder alcanzar a dominar. El intento de apropiación indebida de un conocimiento mágico o el uso del mismo sin autorización y reconocimiento previo será motivo de sanción- suspiró pesadamente -Y ello me lleva a destacar que atacar a un profesor, sea cual sea el motivo, es motivo de expulsión inmediata del Instituto. No se tolerará bajo ninguna circunstancia el daño hacia los compañeros o hacia el profesorado. Atacar a otros alumnos también será motivo de alto castigo, da igual la forma. Así como usar magia para alterarles física o mentalmente. Eso conlleva la expulsión y advierto, por parte de la Asamblea, a la inhabilitación mágica- hubo murmullos tras aquello
-¿Qué es la inhabilitación mágica?- preguntó la inocente Fay. Le sonreí
-Algo que duele. Mucho- esclarecí
-Creo que está todo bastante claro hasta el momento. Espero no tener que preocuparme porque algo de lo mencionado ocurra nuevamente. Quiero destacar también una cosa, si se me permite. Si está prohibido el ataque físico, no quiero mencionar el asesinato- hubo de nuevo murmullos. Esa palabra era ir demasiado lejos -La muerte se pena con la reclusión directo en la prisión de Sepulcra- al oir el nombre, Haytham se removió inquieto en el asiento -Condeno y me repugna esa clase de actos, así que espero por favor que ninguno de vosotros sigáis un camino equivocado en el que algún día podáis...- se le quebró la voz un instante. Carraspeó, miró a los profesores. Ellos la miraron en señal de apoyo -Eso es todo, me temo. El desayuno finaliza y os he robado demasiado tiempo. Por favor, ahora terminad de comer y preparaos para la siguiente clase con el profesor Deckard. Antes, sin embargo, tenemos algo que arreglar con vosotros- agitó una mano -Codex Eximere- recitó, haciendo que todos y cada uno de los libros de los alumnos saliesen volando de nuestros bolsillos y cinturones hacia ella en una pila que quedó flotando a su lado -Los libros serán examinados detenidamente hasta la hora de las clases, cuando se os devolverá en un momento. Por lo demás, eso es todo- por fin, pudimos volver a nuestra comida con menos tiempo del previsto
-Vaya charla- bufó Haytham
-Se te veía nervioso- observé
-¿Yo? ¿Por qué debería?- la pesada mano de Norman cayó de pronto en su hombro
-¿Podemos hablar, Haytham? Es importante-
-El tiempo de desayuno es escaso, profesor. Me temo que...-
-Era una pregunta de cortesía. No puedes negarte. Ven- exigió severamente. Haytham le siguió
Norman
Haytham me siguió hasta el largo pasillo principal, donde supe que estábamos realmente a solas. El chico me miraba con una mezcla de desaprobación y respeto la mar de extraña -¿A qué viene esa forma de mirarme?-
-¿Vas a castigarme, no?- bufó
-No exactamente- miré distraidamente a un gran cuadro de una mesa redonda con diversos magos repartidos enderredor. El letrero rezaba "El concilio de Merleen" -¿Has escuchado todo lo que Loreen ha dicho?-
-Sí, por eso digo que me vas a castigar. De hecho, me vais a expulsar- estaba extrañamente serio, cuando siempre parecía ser unos cascabeles
-De hecho sí- confesé -Los profesores no tardaron en pronunciar la expulsión en cuanto se supo de lo sucedido-
-¿Y a usted? ¿Nadie le sanciona por atacar a Diana y a mí? Me hiciste ir al hospital- se defendió ofendido
-Porque me provocaste-
-Estabas humillando a una compañera y alegando que debiamos dejarla atrás. La defendí a ella y a mis ideales. Un profesor es un profesor y aliado cuando estás en sintonía con él y te respeta. La linea que separa a aliado de enemigo es francamente delgada- aquella respuesta me sorprendió
-Eres muy sagaz. Quizá más de lo que te convenga, chico-
-No me llame chico. Sé más de lo que usted cree. Más de lo que todos creen- parecía estar hablando con un joven que había sufrido cosas que no debería. Parecía algo abatido, aunque mantenía un tono de voz desafiante y ardiente
-En cualquier caso, Haytham... sé que sabes bastante. Sé que sabes más y que dominas más de lo que deberías. Por ello he conseguido que no te expulsen- los ojos del joven resplandecieron como diamantes
-¿¡En serio!?-
-Sí, bajo la condición de estar bajo mi tutela directa. Me ocuparé de tu educación y de controlarte-
-Me da igual. Al menos podré permanecer aquí...-
-No debe darte igual, Haytham. Está muy bien ese ímpetu que arde en tu pecho pero si no lo controlas puedes acabar muy mal. Sé de lo que te hablo- en ese momento nos miramos y nos comprendimos mutuamente. No hizo falta decir más
-Me he quedado sin cuaderno ¿Verdad?- asentí
-¿De dónde lo sacaste?- él se encogió de hombros
-De lugares insospechados- se mofó
-Te daran uno nuevo, sin hechizos que te pongan por encima del resto-
-Llevo años con ese libro. He aprendido muchísimo. Eso no me lo podréis quitar. Los hechizos volverán a grabarse en el libro-
-No. Hay un método por el que no- sonreí burlón -Bienvenido a una nueva etapa de tu vida. Te acostumbrarás. Ve a clase, tus compañeros ya marchan- señalé con la barbilla al grupo que salía de la Sala de las Eras
-Vaya mierda...- aunque feliz por no ser expulsado, Haytham se marchó visiblemente turbado por haber perdido aquellos hechizos. Era impensable para mí pensar que los había aprendido por su cuenta. Debía de haberlos conseguido de algún modo...
Alister
Encantamiento. Vaya mierda de clase. Una de las asignaturas más inútiles y aburridas. El aula parecía un museo repleto de armaduras, espadas, mazos... miles de objetos de los años de Merleen o incluso más antiguos. Papiros con más años que el propio planeta adornaban las paredes, enmarcados en cristales mágicos irrompibles. Todo olía como mi abuela -Hola a todos- saludó Deckard -Bienvenidos a una clase donde no sufriréis daño, no tanto como en la de otros al menos. Aquí podéis respirar tranquilos- aquel comentario ya hizo que me cayese bien. Deckard parecía ser de los míos -Esta es la clase de encantamiento. Aprenderéis a forjar runas con vuestras manos, a imbuirlas en objetos y darles dotes que escapan a la comprensión de cualquier ser. Puede que os parezca algo digno de estudio arqueológico pero creedme... es apasionante. Hoy vamos a practicar una runa sencilla de movimiento. Un encantamiento con el que podréis animar un objeto para que os sirva de ayuda o por qué no, de protección a la hora de ocultar algo en vuestra habitación y que nadie os espíe vuestros secretos más oscuros- miró sobre todo a las chicas -Así que, muchachos, absteneos a partir de hoy de intentar espiar o de robarles la ropa interior- hubo tensas miradas de las chicas a los chicos. Ja. Deckard gustaba de provocar, de sembrar la discordia. Le entendía. Era realmente divertido -Estas runas de encantamiento, para daros una base ligera de conocimientos generales, se descubrieron hace más de mil años. Antes incluso de Merleen la Blanca. Porque sí, muchos creen y entre vosotros habrá algunos con estas ideas que Merleen fue la primera hechicera junto a Morgan, pero no. Mucho antes de nuestra figura mesiánica- dijo aquello con tono irónico -ya existían magos por doquier y sobre todo encantadores. En epocas de tumulto donde la magia no estaba tan estudiada en profundidad como hoy día, los encantamientos eran esenciales para protegerse de los enemigos. Estamos hablando de los tiempos de Hamut Thera, tierra de obeliscos, desiertos y oscurantismo. Esta runa que veremos hoy, Mopilis, es una de las primeras que se estudiaron de sus viejas inscripciones- repasó a la clase con la mirada -Alister, sal aquí y escoge un objeto. Señálalo- obedecí ipso facto. Deckard estaba captando mi atención y reflexioné sobre las utilidades que había en esa sala. Escogí una vieja espada de hoja serrada y algo oxidada -Ah, buena elección-
-Gracias- dije, mientras me la brindaba -Bien, quiero que visualices la runa que hay en este papiro- la puso sobre la mesa -Concéntrate, canaliza la esencia mágica de tu propio ser, pasa la mano por la hoja de la espada y recita el nombre de la runa, teniendo en mente la clase de función que quieres que cumpla- obedecí. Cumplí cada lección que dio y para mi sorpresa, una runa azul brilló en la hoja de la espada y ésta comenzó a levitar a mi alrededor de forma amenazante, girando despacio, acechante -¡Fabuloso!- aplaudió
-¿Cómo se puede probar?-
-¿Probar?- arqueó una ceja
-La he imbuido con la voluntad de protegerme. Quiero ver qué tal funcional es-
-Mmm... buena idea- me señaló con el dedo -Ciertamente, buena idea- no, no es que fuera una buena idea. Es que disfrutaría viendo el espectáculo que vendría a continuación -Con la idea del joven Alister, podremos apreciar una de las fortalezas de las runas de encantamiento. Una runa no puede deshacerse con un simple hechizo, sino con una contra-runa. Es decir, una contraria. Para poder incapacitar esta espada, la runa que hay que utilizar es Inamopilis- declaró -Y el principio es el mismo. Canalizar el poder del invididuo y tocar el objeto ¿Difícil, verdad?- rió -No todo es hechizos que lanzar a larga distancia. Los encantamientos pueden ser incluso más útiles- no habría nadie que pudiese ignorar el hecho de que Deckard adoraba el encantamiento y sentía resentimiento hacia la hechicería común, ya que había desplazado la especialización en gran medida. Sí, era útil una vez explicada, pero un hechizo siempre sería más poderoso que contar con una espada encantada que da vueltas a tu alrededor
-¿Puedo proponer a alguien?-
-Claro, no veo por qué no- se cruzó de brazos -Esto es una clase práctica y todos, tarde o temprano, practicaréis- sí, segurament todos practicarían, pero yo ya tenía un objetivo en mente. Alguien con quien seguramente me iba a divertir
-Veamos...- fingí que buscaba indeciso a alguien que fuese mi "compañero de pruebas" -Tú- señalé a la chica finalment tras unos instantes de fingida duda -¿Te llamabas... Fayara?- sonreí con perversidad