Diana
Finalmente, pasé el resto de aquel día en la enfermería. Haytham estaba mal. No, estaba fatal. Parecía que el alma le daba vueltas como una lavadora, porque encontraba picos altos de ánimo para luego desfallecer constantemente. Realmente, no tendría por qué haberme quedado con él. Fay y Caleb se fueron a estudiar juntos, de manera que podría haberles acompañado. Pero, de cierta forma, me sentía responsable de él. El profesor Norman me había asegurado que mi Eox no había sido ni responsable ni aliciente para aquel estado tan nefasto en el chico. Vale, eso podía ser cierto, pero aún así... Haytham había mostrado carácter y valentía por mí una vez ¿Que menos que... acompañarle en su sufrimiento?
El chico vomitó un par de veces a lo largo de la tarde. Cornelia apareció varias veces, probando en él distintas sustancias a base de hierbas que poco a poco, asentaban su estómago y sus ánimos, y que algún día me enseñaría a preparar, según prometió. Por ello, al anochecer, los enfermeros instaron a Haytham a salir de la camilla e ir a su habitación, estando más estable por fin. Por precaución, pase su brazo por encima de mis hombros para ayudarle a ponerse en pie, y de paso, andar. La estampa de ambos caminando en aquella postura se veía algo ridícula, dado que él era más alto que yo y si se dejaba demasiado caer sobre mí, de seguro los dos nos daríamos contra el suelo. -¿De verdad quieres ir al viaje de mañana?- pregunté.
-Que sí...- contestó aburrido. Ya debían habérselo preguntado varias veces.
-Mejor dicho, antes que querer ¿Puedes ir? No veo que estés en condiciones de pasar horas en un avión-
-Oh, por favor, no digas otra vez esa palabra- Su quejido, tan infantil, contrastaba fatal con el físico de un chico que desde hacía unos años ya era un hombre. Alto, con una leve barba y voz madura. Me hizo reír sin poder evitarlo.
-Está bien, está bien-
-Haré el esfuerzo. A todos se nos da algo mal aquí que debemos asumir. Cada quien con sus miedos- murmuró -El miedo de Fay parece ser que se rían de ella. El mio son los viajes en avión... Mala suerte por mí. Pensaba que no tendría que tomar ninguno en todo el curso- añadió. -Así que ¿Cual es el tuyo, Diana?- aquella pregunta me tomó por sorpresa.
-¿El mío?-
-Algo habrá que tengas que superar personalmente dentro de esta enorme escuela- medité sobre aquellas palabras unos segundos.
-Pues... No-
-¿Como que no?-
-De verdad que no. No tengo ninguna especie de miedo irracional que me cueste superar, más allá de que todos piensen que conseguiré mis objetivos aquí dentro por ser hija de Henry. Y si lo piensan... les partiré la cara, pero no me amedrentaré por ello.- Bromeé.
-Eres una mentirosa-
-¿Qué? ¿Por qué?-
-Porque algo debe haber que te de miedo-
-Que no, en serio-
-Si, ya-
-¡Haytham!- le di un leve codazo en las costillas, el cual hizo que se doblase y apoyase en mí más de la cuenta.
-Vale, de acuerdo... te creeré, pero solo de momento. Descubriré tus miedos, Diana Dassadow- recitó con voz teatral.
-Buena suerte, Haytham Nox. Espero que no desfallezcas sobre el camino si para descubrirlos tienes que tomar un avión- Aquel comentario provocó una risa tonta entre los dos, la cual se prolongó hasta que subimos las escaleras y quedamos en el pasillo que conectaba las dos alas del Instituto. Me deshice del peso de Haytham lentamente, previniendo que cayese al suelo o algo peor. Cuando vi que se podía sostener sobre su propio peso, me separé. -¿Puedes llegar solo hasta tu habitación? No puedo acompañarte hasta allí-
-Creo que sí- se metió las manos en los bolsillos del uniforme de forma modesta.
-Está bien. Buenas noches, Haytham-
-Buenas noches, Diana- Le sonreí y me encaminé hacia mi ala. Algo me dijo, sin necesidad de mirar atrás, que no dejó de mirarme hasta que no desaparecí de su vista.
Cuando llegué a la habitación, encontré que Fay estaba echada en su casa, con un vistoso pijama de ovejitas puesto, leyendo un libro sobre Baltomer Constance. Al verme, se irguió rápidamente. -No has hecho tu maleta- dijo. Casi un aviso, parecía un gruñido.
-¿Te pasa algo?-
-Estoy... estoy... nerviosa- Y era verdad. Tenía los ojos muy abiertos. Las manos le temblaban mientras sujetaba el libro. -Y... bueno... A mi tambien me dan miedo los aviones- confesó
-Oh... no- me llevé la mano a la frente, sonriente.
-Pero no me desmayo ni nada de eso como hace Haytham. Por cierto ¿Como está?-
-Bien, mejor. Aunque muy nervioso. Ni el mejor remedio de Cornelia aliviará su estómago- cansada, me desplomé sobre la cama. -Será infantil...- sonreí.
-Oye ¿Por qué sonríes?- Fay se acercó más al borde de su cama solo para estar más cerca mía, curiosa. Y por alguna razón, aquel gesto me puso nerviosa. Recogí las piernas rápidamente aun acostada y miré hacia el techo.
-No, por nada-
-Vale... ¿Cuando vas a hacer la maleta?-
-Mañana por la mañana. Me levantaré antes de lo previsto y la haré. No te preocupes. Soy responsable- le aseguré. En el fondo, yo también estaba nerviosa.
Me desperté en mitad de la noche empapada en sudor. Se me habían pegado algunos cabellos al cuello y la sensación molestaba. No me di cuenta de que estaba respirando de manera acelerada hasta que Fay no me lo advirtió. -Diana... ¿Has tenido una pesadilla?- Llevándome la mano a la cabeza, relfexioné sobre ello. Era posible, a pesar de que no recordaba nada. Sólo me invadía una amarga sensación, bastante pesada... ¿Que diantres?
-¿Aun estas despierta...?- pregunté con la voz adormilada, volviéndome a acostar. Poco a poco, empezaba a relajarme. Estaba en la cama, con Fay, en el Instituto. Todo iba bien.
-Es que no puedo dormir. Lo he intentado, pero solo pienso en aviones. Me va el corazón a mil por hora. ¿Hay algún estudio que diga que la magia influye en el vuelo de un avión? O... ¿O los Libros causan interferencias? ¿Y... y si algún alumno se sobrepasa y recita Eox dentro del avión?- preguntaba con tartamudez y rapidez a la vez. Definitivamente, Fay no iba a poder dormir.
-Tranquila... no va a pasar nada...- bostecé y cerré los ojos.
-Vale, vale. Perdona. No quiero molestarte más- Ambas nos acurrucamos bajo las sábanas. Se hizo el silencio durante varios minutos. Sin embargo... no se por qué volví a abrir los ojos.
-Fay... ¿Tu sabes que es la Oscuridad?-
-Pues... no-
-Vale... Buenas noches- Si Fay dijo algo o hizo el intento de despertarme, no lo sentí, porque caí profundamente dormida otra vez.
-¡Mierda! ¡La maleta!- Se me había hecho tarde. No, tardísimo. Se me habían pegado las sábanas y Fay aun estaba dormida porque seguramente, había encontrado al sueño en el último momento. -¡Despierta, despierta, venga! ¡¡¡Fay!!!-
-¡¿Qué?! ¡¿Que pasa?!- Fay saltó de la cama como un felino asustado. Después, su cara compuso un gesto de horror -¡¿Es tarde?!-
-¡Claro que lo es! ¡Ayúdame!!-
-¡Diana! ¡Tu maleta!-
-¡Que si, lo sé, está vacía!-
-¡¿Pero tu no eras responsable?!-
-¡Sí, rayos, pero me he quedado dormida! ¡Rápido! ¡Coge ropa y metela dentro! ¡Ayúdame!-
-¡¿Qué ropa?!-
-¡La que sea! ¡Venga!-
Cornelia
Loreen me estaba metiendo prisa. A penas me había dado tiempo de fumarme el último cigarro antes de llegar. Desde el final del pasillo, me hacía gestos con las manos para que sacase a las dos últimas alumnas en aparecer en la Sala de las Eras para contabilizar a los asistentes de su habitación. Diana y Fay ¿Por qué ellas dos otra vez? Me acerqué a su puerta y de repente, me aparté. Ruidos, gritos, golpes, porrazos. Miré a Loreen, que aun aguardaba al final del pasillo. -Creo... creo que yo me encargo...- Malditas.
Diana
A toda prisa. Cornelia conducía su coche a toda prisa mientras fumaba y berreaba. Fay y yo, sentadas en los asientos de atrás del coche, nos sujetábamos con fuerza en el asiento, temerosas de chocar en cualquier momento. Era un hecho que la habíamos liado, y bien. Nos despertamos tan tarde, que los alumnos partieron en el primer barco hacia las carreteras mutis. La Regente quería asegurarse de que nos irresponsables no estropearan el viaje de toda una clase, así que le dio prioridad a ellos. Por eso, cuando estuvimos listas, Cornelia tuvo que invocar a un golem que nos llevase hacia la carretera en una barca diminuta. No me dio tiempo ni a despedirme de mi padre, así que me esperaría una buena cuando volviese al Instituto. Ahora, Cornelia había tomado su propio coche, el cual estaba escondido tras arbustos del bosque de la Puerta de Phantoss, para intentar por todos los medios que las tres no perdieramos el vuelo. -¿Me oís? ¡La próxima vez os lleno las bragas de ortigas!-
-Lo siento, Cornelia. Ha sido culpa mía, me he quedado dormida-
-Y mía. Estaba tan nerviosa que no podía dormir-
-¡Me da igual! ¡Loreen me ha echado la mirada más tenebrosa que tenía aun guardada bajo ese viejo rostro! Si os hubiese despertado antes...-
-¿También te has quedado dormida?- pregunté.
-Un poco- respondió -Así que venga. Ese Deckard no se va a llevar el mejor viaje del trabajo para el solo- pisó el acelerador. De verdad, pensé que moríamos.
Finalmente, conseguimos llegar a tiempo, justo cuando los alumnos empezaron a embarcar. Le dimos nuestras maletas al encargado de guardarlas y corrimos hacia donde estaban Caleb y Haytham. A éste último, casi le da algo al verme.
-¡Ya pensaba que después de todo el sermón de ayer me ibas a dejar solo en este trasto!- se quejó -Ey ¿Que te has hecho en el pelo?- llevó la mano hacia un enredo y tomó el primer mechón ondulado de mi cabeza que le pasó por la mano.
-¡Quita! No me ha dado tiempo de peinarme- Rápidamente, desenredé el pelo con mis propios dedos y lo adecenté detrás de las orejas.
-Dormilona...-
-Ay, cállate-
Al entrar en el avión, encontramos que las filas de asientos eran para tres personas. Y nosotros eramos cuatro. Teníamos un problema. Siempre era agradable pasar un viaje largo sentado al lado de un amigo, pero en éste caso uno de nosotros iba a salir perdiendo esa sensación. Reflexionando sobre ello, me negaba a que Haytham o Fay fuesen quienes se quedasen solos. Estaban nerviosos, miedosos. Necesitaban una compañía tranquila para sobrellevarlo todo. En fin... Qué remedio. -Caleb, siéntate con ellos-
-¿Qué? ¿Por qué?-
-Hazme caso. Siéntate con ellos- Los insté a sentarse. Caleb quedó entre los dos, de manera que pude posicionar las manos del chico sobre las manos de cada uno de esos dos miedosos. Supe que el favor mas grande se lo estaba haciendo a Fay con aquel gesto. -Cuidales. Procura que no les de un ataque de nervios. Si les da, pégales en la cabeza y déjales dormidos. Será un favor para todos- bromeé.
-¿Y tú, donde vas?- preguntó Haytham, temblando, descompuesto.
-A donde sea que quede un hueco libre- bufé -Tranquilizaos ¿De acuerdo? Nos vemos en cuatro horas- tras guiñarles el ojo, caminé hacia el fondo del avión.
Definitivamente, todos los asientos estaban cogidos. Los alumnos estaban euforicos y aquello empezaba a darme cierta pereza. Finalmente, en los últimos asientos, encontré que el profesor Norman estaba solo. Que raro. ¿No se sentaba con los profesores? ¿O es que los profesores no se querían sentar con él? En cualquier caso, sentarse con un profesor daba cierta vergüenza. Era un palo. Pero no me quedaba otro remedio, porque el otro asiento libre que quedaba estaba junto a Alister y no, ni por toda la magia del mundo pasaría cuatro horas sentada junto a él. Tomé aire y lo solté. Me armé de valor y me senté junto a Norman. No dije nada. No sabía que decir. Eché de menos mi mp3 y otros aparatos electrónicos que había dejado en casa por norma del Instituto, pues ahora me servirían para distraerme.
De repente, el avión se movió. Empezó a tomar velocidad para alzarse y me puse muy tensa. Ni si quiera pude mirar por la ventanilla. Mierda, mierda, mierda. El corazón me iba muy deprisa. Por si acaso, lo dejé claro. -No, no me da miedo volar. De verdad-
No hay comentarios:
Publicar un comentario