martes, 31 de octubre de 2017

Norman

-No, claro que no- le dije a la chica mirándola con despreocupación, para luego girar el rostro y mirar por la ventanilla, sonriente -Oh, Dios mío- presentí la tensión en el asiento de al lado -Santo cielo ¡No!- intenté no alzar demasiado la voz. Me apegué a la ventana. La chica exigió querer saber qué pasaba, para luego retractarse. Prefería no saberlo ¿o sí? ¡Maldición! Ja, me estaba costando aguantar la risa -El motor, Diana, el motor ¡Mira!- señalé y la miré. Si sus dedos fuesen garras habrían arrancado los reprosabrazos como guadañas. Ella no se atrevió a mirar. Cerró los ojos con fuerza -¡Oh no, Diana!- la rodeé con los brazos alarmado, como si fuese mi última acción en esta vida. No esperé arrancarle un grito de terror. Se hizo un largo silencio en el que no pasó nada, salvo que todas las miradas estaban centradas en nosotros. Todas salvo la de Haytham, que había vuelto a desvanecerse al creer que estaba ocurriendo algo malo. No tardó en aparecer una joven muchacha de cabellos rojos como el fuego, ataviada con su vestido de azafata azul y cara de pocos amigos. Parecía mentira que una chica tan joven pudiera tener una mirada tan severa como Loreen. Me puso los pelos de punta
-Señor ¿Se puede saber qué hace?-
-Esto... Sólo le gastaba una broma a mi alumna-
-¿Le parece divertido gastar esa clase de bromas?- la azafata se acuclilló junto a Diana que casi estaba hiperventilando -No pasa nada, guapa. Ya hemos despegado. Está todo bien. Llegaremos en unas horas que se te pasarán... volando- rió ante su propio chiste para calmar a la joven. Le acarició la cara -¿Quieres beber algo? ¿Un refresco, que tenga azucar?- Diana asintió quizá no del todo consciente debido a que se recuperaba del susto
-Yo también, por favor- la azafata me disparó una mirada criminal
-Haga el favor de comportarse. Parece que es usted el alumno- recriminó antes de ir a por las bebidas
-Vaya carácter...- me rasqué la barba para ver por el rabillo del ojo cómo Diana se volteaba con mirada hirviente para mirarme. Le sonreí tan encantador como pude -Lo siento, lo siento- dije de corazón. Me atreví a tomarle la mano, la cual sentí que se relajaba bajo la calidez de la mía -Perdóname. Es sólo que siempre me ha resultado gracioso el miedo a volar. Y más para nosotros- terminé susurrándole cerca del oido -¿De verdad crees que puede pasarnos algo? Un hechizo Eox con suficiente fuerza mantendría el avión a flote. O incluso Lévis, que lo conoces muy bien- le guiñé el ojo. Pretendí tranquilizarla. Realmente no era tan sencillo y requería un gran nivel mágico, pero ¿Qué perdía por calmarla y arreglar lo que estropeé? Desde otro de los asientos Cornelia no dejaba de mirar hacia atrás con inquisitiva mirada y Deckard directamente parecía fingir que no me conocía de nada. Estúpido. Oí cómo Diana soltaba un fuerte suspiro de alivio cuando la azafata nos trajo unos zumos frescos y edulcorados. Me acomodé en el asiento y de nuevo, miré por la ventanilla. Quedaban unas horas de viaje y sería mejor que relajáramos los músculos. De paso, así Diana tenía tiempo para calmarse.

Rahir

Por fin, tras años de búsqueda, fue encontrada. La tumba de Rakhit Menaas, padre de las runas. Casi podía sentirlo en mis carnes mientras mis botas se hundían en la arena. El suave viento amenazaba con despojarme de la capucha y mis dos seguidores se mantenían en silencio, tal y como yo les había ordenado. Observábamos de lejos. Allí estaban. Esos mutis, asquerosos, débiles, pueriles. Ignoraban la grandeza de aquello que estaban tratando de excavar. Incluso usaban explosivos para abrir mejores entradas en la base de aquel obelisco. Jamás podrían hacerlo de otro modo. El simple hecho de estar ante aquella estructura que poco a poco desenterraban de miles de toneladas de arena y piedra ya me llenaba el alma de la esencia y del poder de mis ancestros. Sólo esperaría a que diesen con la verdadera entrada. Que trabajaran por mí. Mi paciencia era enorme tras años de búsqueda ¿Por qué molestarme en esperar un día más? Pero las cosas no podían ir como usualmente sucedían, sin sobresaltos. No aquella vez... y no me extrañé. Era algo demasiado grande y eran mutis de los que hablábamos los que habían descubierto semejante mina de conocimiento. La Asamblea y sus malditos integrantes no mantendrían las manos en los bolsillos impasibles y una de mis marionetas me lo hizo saber -Señor...- su voz era el lamento de un espectro, el murmullo gutural del abismo. Me hubiese extrañado, aún así, que su voz fuese diferente, pues realmente estaba muerto. O estaba entre los dos mundos -Magos...- masculló lentamente
-Lo percibo... Están lejos pero se acercan...- inspiré lentamente, absorviendo los aromas del desierto. Con la experiencia y el poder necesario cualquier mago o nigromante podía sentir a otros a grandes distancias y en este caso, el aura mágica que presentí que se acercaba me era muy conocida. Sonreí -No sentía esta presencia desde...-
-¿Desea que los matemos...?- la siseante voz de la marioneta me templaba
-Oh, no... no es necesario. Divirtámonos un poco...-

Norman

Debí quedarme ligeramente dormido, porque cuando abrí los ojos ya casi podía apreciar las bellas y arenosas tierras de Hamut Thera bajo el avión. No obstante, lo que me despertó fue una sensación de desconcierto considerable. Un desagradable escalofrío que me resultó extrañamente familiar pero que no conseguía recordar con claridad. Al despertarme, debí de hacer algún extraño aspaviento pues Diana me miraba con cierto desconcierto. Nos observamos mutuamente durante unos segundos y por fin habló sobre que parecía haber tenido una pesadilla -¿Pesadilla...? No la recuerdo- me froté distraidamente un ojo. La chica me explicó que desde hacía unos minutos no paraba de moverme y moverme, agitarme, incluso que gimoteé y susurré en sueños -Vaya... eso es nuevo- sonreí incómodo. Una sonrisa rápida que igual de rápida se desvaneció. Hubo unos minutos de silencio, mientras se oía el motor del avión en el exterior y los murmullos del resto de alumnos dialogando entre sí. Entonces vino la bomba ¿Qué era la Oscuridad? -¿Eh? ¿Qué?- yo lo había oido perfectamente, pero estaba buscando una excusa, tiempo para encontrar una salida a esa conversación. Maldita sea, en su momento le pregunté yo, pero pensé que pasaría desapercibido. Al parecer, la muchacha se había quedado con ello en mente, y añadía que había hablado de algo similar en sueños -Ah... la Oscuridad...- me llevé una mano a la boca. Diana dijo no poder oirme bien -A ver... no es algo de lo que uno quiera hablar libremente...- con una sonrisa desafiante, la chica se acercó más a mí. Suspiré pesadamente -Nunca has oido nada al respecto imagino- ella negó con la cabeza. Y alegó que yo se lo iba a explicar como pago por el susto. Era un tema que se le había quedado en la cabeza y le daba bastante curiosidad. La miré fijamente a los ojos unos instantes y acepté -¿Alguna vez has oido hablar de... los nigromantes?- miré con cuidado de un lado a otro asegurándome que nadie prestaba atención. Diana dijo que creía haber oido ese nombre en alguna parte pero no le dio demasiada importancia -Magia negra, Diana. Los nigromantes son un grupo de magos que se alejan de las normas establecidas por la Asamblea, sin ninguna clase de temor en adentrarse en aguas profundas y cenagosas, llevando a cabo prácticas verdaderamente deleznables con tal de conseguir su propósito- mascullé -Sin embargo, esa naturaleza vil y despreocupada de su propio bien y del de quienes los rodean los hace poderosos. La magia negra es la fuente de poder más grande jamás descubierta. Lo llamamos la Oscuridad como nombre propio, porque prácticamente, es una entidad en sí misma. A veces te susurra, te provoca. La magia tiene vida y no siempre es sonriente- Diana me miraba con una mezcla de incredulidad y sorpresa. Dijo que una vez, años antes de entrar en el Instituto, leyó un libro de Hernan Doddler sobre la Teoría del Consciente -Una teoría interesante- asentí. Yo lo había leido. Qué diablos, conocí en su día a Hernan Doddler en persona. Gran mago, escritor e investigador. La Teoría del Consciente sobre la que versaba Hernan sostenía que como le contaba a Diana, la magia es una fuente de poder, es energía, pero a su vez parece autoconsciente de sí misma y de ciertos alrededores y de quienes se conectan con ella: es decir, todos los magos. La teoría explicaba el por qué de aquel gremio al que pocos pertenecen que son los llamados Profetas, hombres y mujeres selectos que parecen poseer el don de ver lo que otros jamás podrían ver. Sueños, el futuro, el pasado y no solamente el propio, sino el de cualquier otra persona. Se creía que a veces la magia por su azaroso capricho a veces decidía avisar sobre bienes o males que advenían sobre alguna persona o sobre el mismo individuo. Sí, era fácil creer que era cuestión de un sencillo poder exclusivo de algunas personas, pero potencialmente todas las personas sufrían alguna profecía alguna vez en su vida. Recuerdo haber tenido una hacía bastante tiempo y desde entonces no volvió a ocurrir. Eso era un ejemplo de que la magia es caprichosa -Los nigromantes se aprovechan, según la teoría, de esa "vida" y "consciencia" que tiene la magia para extraer más poder de ella, más que cualquiera que camina por los caminos de la verdad y la "luz"- le expliqué, sabiendo que ella conocía la teoría. Sin dudas le resultaba fascinante, pero habiéndole contado sobre ello, quiso saber por qué le pregunté al respecto -Aquella noche en el pasillo te hablé de cómo personalmente opino sobre lo que hiciste al ayudar a Fayara y lo mantengo. Y lo mantendré hasta mi último aliento. Eres una chica con talento y eso es algo que se puede apreciar con sólo verte en un mínimo de acción. El problema reside Diana en que es fácil para la gente con talento caer en la Oscuridad. Porque la teoría es cierta: la magia vive. La magia tiene conocimiento de sí misma y no siempre te sonríe. A veces es egoista. En ocasiones se vuelve en tu contra. La magia es un poder universal que existe más allá del bien y del mal, es la jueza que sostiene la balanza y para que haya un bien debe haber un mal. Por eso a veces su cara más siniestra nos susurra y nos tienta con explorar, con ir más allá. Aquellos jóvenes con talento se ven seducidos por su llamada. Por el individualismo, por el egoismo, el narcisismo- expliqué y ella me miraba con suspicacia. Señaló que yo, aparentemente, sabía mucho del tema. Quiso saber si yo, alguna vez, oí esa llamada a la que hacía alusión -La he oido- confesé -Es una voz dulce y cálida al principio que después te abrasa la mente y el alma. Esa voz es un delirio por querer ir más allá- dirigí la mirada hacia un Haytham que hablaba distraidamente con Fayara y Caleb, aparentemente más calmado ya que nos acercábamos a nuestro destino -Haytham es otro ejemplo- Diana se sorprendió ante tal declaración ¿Haytham? ¿Y no Alister? Enumeró las razones por las que Alister era el estereotipo número uno para convertirse en uno de esus magos negros -Nigromantes- corregí -Y sí, Alister es vanidoso, creido, egoista, le gusta crear problemas... pero no es particularmente brillante- apuntillé -No me malinterpretes. No quiero decir que la Oscuridad sólo tienta a los fuertes. Quizá algún día sucumbirá si no se sosiega, pero antes acudirá a gente como tú o como Haytham. El chico es el que más me preocupa. El resto de profesores no hacen caso a estos sucesos. Aún en un mundo en el que existe la magia y en el que ellos son magos, consideran que es algo "paranormal" y que no existe. Que sólo es la teoría de un viejo escritor que ya no es lo que era. Pero creeme Diana, alguien con un talento así, capaz de manejar hechizos que no han sido debidamente enseñados, sino de forma autodidacta, contando además con una personalidad tan fuerte y unos valores que lleva por bandera de forma incluso temeraria- dije recordando el cómo me encaró -Haytham puede ser un estandarte de la magia más brillante. Puede convertirse en un excelentísimo mago, pero su increible potencial le hace caminar al filo del mismo abismo. Sólo necesita que alguien le empuje. Y si cae...- ambos nos miramos en silencio. Finalmente le sonreí, cansado de ser tan siniestro con la chica -Afortunadamente para él cuenta con unos grandes amigos. Y con la magnífica Diana Dassadow entre ellos. Sé que con vosotros no hay ningún problema- Diana soltó una risilla sorprendida. Quizá algo saturada de información de una de las caras más peligrosas de la magia. Deseó que nadie la empujase a ella también, si era ella quien se ocupaba de que los demás no cayesen -Cuando creas que no hay nadie, es porque entonces estoy yo ahí, en las sombras, vigilándote- me miró -Soy tu profesor ¿No?- le sonreí cálidamente. Su mirada se perdió por un instante en la oscura cicatriz que rodeaba mi ojo derecho y me tomaba parte de la mejilla y se extendía hasta la sien. No le di importancia. Sabía en lo que estaba pensando.

[The Evil Within 2 OST - The Evil Within (Track 42)]

Entonces la calma del momento se vino abajo cuando una de las azafatas caminó apresurada por el pasillo. Hubo murmullos ¿Acaso había problemas? Entonces Diana me tomó la mano con fuerza, casi clavándome las uñas. Hacía frío. Muchísimo frío. Me miraba exaltada. Supe que lo estaba sintiendo tan bien como yo. Magia. Un aura abrumadora y terrorífica. Una clase de poder que yo conocía bien. De la nada estalló una tormenta que engulló el avión. Las mascarillas de auxilio salieron de sus compartimientos y el pánico comenzó a extenderse. Los murmullos se comenzaron a transformar en gritos. Me levanté en mi asiento, igual que lo hicieron Cornelia y Deckard. Los tres nos miramos. En los ojos de la mujer y del imbécil rubio había estupor, duda y un gran terror. Diana me tomó de nuevo de la mano. Quería saber qué pasaba -Nada... no pasa nada-
-Señores pasarejos, por favor, abróchense los cinturones. Atravesamos una gigantesca nube de tormenta y puede que ocurran turbulencias. Por favor, mantengan la calma y quédense en sus asientos. En breves minutos la dejaremos atrás- sonó la voz del comandante. Aquello habría bastado para tranquilizar a los viajeros mutis, pero no a un enorme grupo de magos que podiamos sentir que esa tormenta no era natural. Un relámpago pasó tan cerca del avion que las luces parpadearon y el aparato comenzó a virar de forma violenta hacia todas direcciones, causando agitación y desconcierto
-¡Calma, a todos!- vociferé -Que nadie se levante de sus asientos ¿¡Está claro!?- ordené
-Pero profesor- oí la voz de Caleb cuando pasé a su lado -Esta tormenta...-
-Silencio Cal- le supliqué -Haytham, Fay...- los miré a ambos
-Estoy bien...- dijo la chica algo temblorosa. Caleb la rodeó con un brazo y le acarició el hombro
-Puedo con ello- me sorprendió, aunque no debería. Haytham estaba asustado por el vuelo, pero sentía la magia y ello le reactivaba su determinación
-Norman- Deckard había caminado hacia mi -¿Qué ocurre?- me susurró -Esto es obra de alguien-
-Alguien poderoso- señaló Cornelia -¿Pero quién y por qué...?- ninguno de nosotros podría imaginarse que tres figuras encapuchadas, envueltas en negras capas agitaban sus manos hacia los cielos conjurando poderes siniestros y sombríos
-Tenemos que hacer algo...- reflexioné -Y rápido...-

Rahir

El avión casi era visible. Casi. Solté la Esfera que llevaba en la mano y ésta comenzó a levitar ante mi rostro. La rodeé con las manos y concentré mi poder en ella -Eox nem umbrac- recité para luego alzar las manos al cielo con violencia. Reí. Me tuve que reir. Estallé en carcajadas mientras la tormenta se ennegrecía hasta cubrir por completo el avión. De la nube comenzaron a brotar relámpagos de una ligera tonalidad verdosa, que parecían restallar como explosiones. Reí con sólo imaginar lo que sucedería. Reí hasta casi desgañitarme.

Norman

El avión se sacudió con una violencia inusitada. La luz se apagó y el rugir de los motores comenzó a cesar. Las azafatas gritaban y con ellas gritaron los alumnos. La gravedad empezó a verse afectada. Objetos de mano comenzaron a volar en todas direcciones. Deckard, Cornelia y yo nos vimos elevados hacia el techo, contra el que nos golpeamos. El avión estaba descendiendo de forma súbita y comenzaba a girar sobre sí mismo. El viento dentro de la tormenta era insoportable por ningún tipo de aparato que no fuese mágico y los rayos amenazaban con volarnos en pedazos -¡Hay que hacer algo!- vociferé, sobre el mar de gritos aterrorizados
-¿Y qué podemos hacer? ¿¡Qué!?- Cornelia estaba asustada
-¡Deckard!- grité -¡Mantén el avión estabilizado!- como si le hubiese olvidado que era mago, Deckard asintió sorprendido. La punta del dedo índice se le iluminó al recitar un conjuro y dibujó sobre la superficie del techo del avión una runa que hizo que de pronto el aparato dejase de dar vueltas. La gravedad pareció volver a su cauce y pudimos ponernos en pie. Aún así, el pánico ya se había desatado -¡Hay que aterrizar!-
-¡Esta tormenta es demasiado!- dijo Cornelia perdiendo los nervios
-No para todos los que somos...- musité observando a los alumnos. Corrí de vuelta hacia mi asiento. Allí estaba Diana, con ojos cristalinos, atemorizada. Me agaché a su lado -Diana... necesito tu ayuda- no sabía para qué, pero por vital que fuese, la chica alegó que no serviría de demasiada ayuda -Escúchame, por favor- le sostuve la cara para que dejara de agitarse -Respira ¿Vale? Respira. Respira hondo... y déjalo salir- trató de calmarse. Trató de hacerlo. Me escuchó -Necesito cuanta ayuda puedas prestarme a mí, a Cornelia y a Deckard. Necesito que te dirijas a los alumnos, pide ayuda a Fayara y los chicos. Que todos saquen sus libros. Que todos convoquen el hechizo Eox y se concentren en la imagen mental del avion. Necesitamos una bolsa de aire, de presión pura, que nos separe de la tormenta y nos ayude a aterrizar- la volvió a dominar el miedo y se negó. No podría hacerlo. El caos se había asentado en los desesperanzados corazones de los viajeros -¡Diana!- la llamé para que volviese a mirarme -No puedes abandonar ahora. No dejes que tus pensamientos se vayan. Contrólalos. Contrólate- nuestras miradas se mantenían conectadas -No puedo hacerlo solo ¿De acuerdo? Los profesores no podemos hacerlo solos- si al menos tuviese mi libro... El anillo me permitía ejercer hechizos, pero no eran ni la mitad de poderosos que podían llegar a ser con mi libro -Confío en ti, Diana. Enséñame que eres lo que realmente creo que eres- aquellas palabras confundieron a la chica, lo supe. Pero si quería saber qué significaba eso más le valía luchar por su vida -¡Vamos!- mientras dejaba que Diana hiciese su trabajo, dirigí a Cornelia y Deckard para que hicieran lo propio. Cada uno nos dedicamos a calmar a los estudiantes para luego indicarles lo que debían hacer -¡Todos, a la vez!- chasqueé los dedos -¡Eox ultra!- convoqué el nivel máximo de Eox junto a los otros profesores, mientras que el apoyo del Eox básico de los alumnos serviría como empuje final. Debiamos lograr que el avión aterrizara. Al menos sacarlo de la tormenta para que el piloto pudiese hacer su trabajo. El aparato comenzó a crugir y chasquear por diversos lugares. Si no nos dábamos prisa iba a estallar en pedazos si no se estrellaba violentamente y nos hacía cenizas ¿Quién demonios estaba detrás de esto...?

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