miércoles, 25 de octubre de 2017

Diana

Apenas habían hecho falta cuarenta y ocho horas para darme cuenta de que la vida en el Instituto no era ni mucho menos lo que mi padre me había prometido. Y no lo decía por la dificultad, por los estudios o la determinación necesaria para sobrellevarlo, sino por el constante ambiente tenso que propiciaba el unir un grupo tan diverso de personas en un mismo centro. 

El día iba mal. Había pasado vergüenza antes y después del desayuno. ¿Que les pasaba a los profesores conmigo? Asumí mi responsabilidad, acepté mi castigo. ¿Que más querían? Si bien en el Tribunal, aquel profesor, Norman, fue como la figura flexible y razonable a la que quise acogerme, su papel en mi mente ahora había cambiado por completo. Yo no necesitaba aquel tipo de lecciones, tan humillantes y clarificadoras. De las enseñanzas básicas sobre los usos de la magia ya se habían encargado mi padre y el folleto informativo que se enviaba junto con la copia de la matrícula. -¿Estás bien?- Me sentí tan ofuscada, tan humillada, que Haytham pareció darse cuenta.  Le acompañaba a la enfermería, aunque me quedaba claro que podía haber ido él solito. 
-Sí. Mejor que tú al menos-
-Esta clase ha sido una... salvajada-
-Has sido tú el salvaje- le critiqué. Él pestañeó. -De hecho, no se como diantres te han admitido en el Instituto. Has demostrado un enorme alarde de irresponsabilidad, y no solo una vez- Le sermoneé. No tenía por qué, pero me vi en la necesidad tanto de hacerlo como de expresar mi enorme sorpresa por su actitud.
-¿A caso estás de acuerdo con lo que ese profesor te ha hecho?-
-Por supuesto que no- le aclaré, deteniendo el paso -Pero sí estoy de acuerdo con lo que él ha dicho. Sólo creo que tú lo has interpretado mal. Él no hablaba de abandonar a nadie. Estaba aclarando una realidad, y es que aun no somos capaces de controlar toda la magia que aquí se nos va a enseñar. Si yo no hubiese sabido usar Lévis ni hubiese podido cargar con el cuerpo de Fay, ésta hubiese caído. ¿Que es peor? ¿Perder el Instituto o... perder la vida?-
-Estás hablando como él...- gruñó.
-Lo que si que es cierto es que nos infravaloran. Si usé ese hechizo y ayudé a Fay, es porque se, porque estaba convencida y lo suficientemente segura de mí misma como para tener la certeza de que no fallaría- expliqué -Y eso es algo que no parecen tener en cuenta- Haytham quiso hablar. Nunca supe que fue a decir porque le detuve -Otro caso es el tuyo. Si a mi me han castigado por usar Lévis, no se que te harán a ti por lo que has hecho- me crucé de brazos -Ni si quiera te voy a preguntar quien y cómo te han enseñado a usar ese conjuro- me recogí los cabellos tras la oreja.
-¿Como es el Tribunal?- preguntó de repente, cambiando el rumbo de la conversación un poco. Parecía asumir lo que se le iba a venir encima.
-Escalofriante- utilicé la palabra más convincente que se me pasó por la cabeza. Después sonreí. No había palabra que encajase mejor.
-¿Cual fue tu castigo?-
-Uno similar a los que imponen en la escuela de mutis y que todavía tengo que empezar- bufé. -Si lo preguntas por ti... no se si te impondrán el mismo. Te has enfrentado a un profesor y usado un hechizo, de momento prohibido, múltiples veces. Y... el profesor menos severo de todos era Norman- Al decir aquello, se hizo el silencio, y después, los dos sonreímos. La situación dejó de ser tensa para ser agradable. Quizá estábamos los dos nerviosos, o quizá sólo estábamos congeniando. -Así que buena suerte. La enfermería está ahí- señalé con un dedo al final del pasillo que estábamos tomando. Supe donde estaba la enfermería porque en la hora del desayuno busqué los baños de la planta inferior como una posesa durante media hora. Me costó encontrarlos. 
-Eh, gracias, Diana- Estuve a punto de irme cuando dijo aquello. No me hubiese dado la vuelta de no ser porque pronunció mal mi nombre. Me hizo gracia. Era la primera vez que alguien se confundía después de haberlo escuchado ya varias veces.
-No es ''Diana'', es ''Daiana''- le corregí, para finalmente, marcharme. 

Me caía bien, a pesar de ser un salvaje.

Cornelia

Me dolían los pies a rabiar. El calzado de tacón no era lo ideal para dar clase, pero sí para estilizar mi figura femenina.

Era la hora del almuerzo, y si bien me estaba muriendo de hambre, tuve que aplazar mis instintos más carnívoros para tener una reunión con el Consejo de urgencia. Apenas había empezado el curso, y ya Loreen estaba de los nervios. Cualquier día, tendría un buen susto de tanto padecer disgustos. Esa mujer se tomaba las enseñanzas demasiado a pecho. Decidí tomarme la situación con calma por las dos, de manera que me fumé un cigarro a escondidas en los baños que había junto a la sala del Tribunal justo antes de entrar.

Llamé a la puerta intentando no toser. Por supuesto, cuando pasé, ya todos estaban reunidos. Me miraron con caras de asombro y disgusto -Perdón, perdón. Me he entretenido con una duda estudiantil- mentí.
-¿Una duda que huele a humo?- preguntó Mathilda, esa mujer untada en rosa. Maldita, me delató. Para quedar bien, simplemente sonreí de forma forzada y me senté a su lado, en el que era mi sitio.
-Cornelia, dado tu retraso, te explicaré brevemente cual es el asunto que nos concierne esta tarde- explicó Loreen -Se ha vuelto a dar el caso de que un alumno ha usado un conjuro desde su propio libro. Un conjuro que aún no se ha enseñado, un conjuro que aún no le está permitido a ninguno. ¿Has sido tú quien ha enseñado Eox?-
-¿Eox? Por supuesto que no- fruncí el ceño -Ni si quiera me dedico a enseñar ese tipo de hechizos-
-Descartada la opción de que fueras tú quien lo enseñó, todos aquí concretamos que no ha sido responsabilidad de ninguno. Por tanto, Haytham, el mismo alumno que no aparece en la lista de clase, ha usado un hechizo sin permiso. Más de una vez y en contra de un profesor, Norman- Todos en la sala le miramos. ¿Un alumno había atacado a Norman? ¿En serio? Preferí no comentar al respecto.
-¿Y cual va a ser el castigo, Regente?- preguntó Mathilda. -¿Nuevas copias sobre libros de historia?-
-Su castigo no puede ser similar al de Diana Dassadow puesto que la norma infringida por ambos no es la misma ni de similar graduación-
-Estoy de acuerdo- se pronunció Henry. Supongo que no pudo evitarlo.
-Si os he convocado, es porque es un asunto demasiado serio a tratar. Debemos concertar entre todos un castigo pertinente y ejemplar. Además, quisiera ojear los libros de todos los alumnos. Está claro que este curso está empezando con mal pie y preferiría tomar medidas preventivas antes de que cualquier otro altercado sucediese. Así pues, mañana se inspeccionarán los libros de todos y cada uno de los alumnos. Y no solo los de primer años ¿De acuerdo?- todos asentimos -Seréis responsables de cercioraros de que los hechizos que aparezcan en sus libros, sean los que deban estar. Ni uno más, ni uno menos. Os encargaréis según vuestras especializaciones.- sentenció. -Y ahora ¿Propuestas?- Nadie dijo nada. Quizás por falta de ideas, quizás por falta de atrevimiento a proponer un castigo demasiado severo y desmedido. Como nadie lo hacía, fui yo quien levanté la mano. Loreen me dio la palabra.
-Regente, no se me ocurre ningún tipo de castigo para un acto tal como el de atacar a un profesor. Estoy de acuerdo en que es una falta grave, pero quisiera indagar en el fondo del asunto. ¿Por que un alumno atacaría a un profesor el primer día de clase? ¿Que razón habría para atreverse a manchar un expediente que podría ser brillante, tan pronto?-
-Al parecer, estaba en desacuerdo con las explicaciones de Norman...- cuchicheó Mathilda.
-¿Eso es cierto?- lancé una mirada acusativa al profesor. Era un hecho que allí ninguno nos fiábamos de él. Norman alzó las manos. Antes de que pudiese responder, Loreen lo hizo por él.
-El profesor Norman solo les explicó las normas, les avisó de los peligros que corrían usando la magia de forma desmedida e irresponsable. Aunque sí que es cierto que quizás tu forma de enseñar, fue algo imprudente- Esta vez, se dirigió ella misma al profesor. Cuando ambos hablaban, todos callábamos. Había asuntos en los que era mejor no meterse.
-Eso mismo he dicho yo ¡Diantres! Si vuelve a humillar a mi hija, le juro que...- Henry se puso en pie, como un resorte. El bueno de Henry, se irritó de una forma nunca vista y se encaró rápidamente con el profesor de Defensa. Por ello, Loreen los separó con un simple hechizo que hizo que sus cuerpos se repeliesen automáticamente, con una fuerza impresionante, magnética. Henry acabó de nuevo en su silla, y Norman, suspiró.
-No estamos aquí para discutir entre nosotros ¿Queda claro?- les miró -Las formas de dar clase de Norman podremos discutirlas otro día. Lo que hoy nos ocupa, es Haytham. Cornelia ¿Que querías aclarar antes?- Di un pequeño respingo en el asiento, porque estaba algo abstraída.
-Me preguntaba si la razón que ha movido a Haytham, y quizás el anterior día a Diana, es que los nuevos alumnos no tienen claras las Reglas, Normas y Prohibiciones del Instituto y de la Magia en general-
-Pero, Cornelia, enviamos folletos explicativos a los hogares de los alumnos después de que pasaran el examen- En el rostro de Loreen se expresó un gesto de disgusto.
-No pongo en duda sus métodos, Regente. Pero pienso que las Reglas, Normas y Prohibiciones son algo que debería inculcarse a los chicos desde pequeños. Sé que eso es imposible. Sólo se diferencia a un mutis de un mago cuando empiezan a alcanzar la madurez, pero quizás nosotros tambien hemos llegado tarde a ellos. Muy probablemente, los folletos hallan fallado. Apuesto lo que sea a que un mínimo porcentaje de alumnos los ha leído más de una vez, y que el resto, los ha leído como si fuesen una especie de propaganda- Loreen se rascó la sien, pensativa.
-Y ¿Que propones?-
-Una clase especial. Una en la que verdaderamente les quede claro que deben saber para estar aquí y que normas deben respetar si no quieren marcharse a sus casas sin Libros y sin conocimientos. Y la debería impartir usted, Regente- El silencio me envolvió ¿Era buena señal?
-Estoy... de acuerdo- se aclaró la garganta -Si nadie se opone, prepararé dicha clase para mañana. Entre tanto, debemos pensar el castigo de Haytham. Gracias por tu aportación, Cornelia- sonreí pletórica.

Ser profesora, no se me estaba dando tan mal.

Diana

Fay estaba dormida en una pose bastante graciosa. Yo, mientras, estaba terminando los ejercicios de castigo a pesar de que ya estaba bien entrada la noche. No me habían dado una fecha límite de entrega, pero me consideraba lo suficientemente responsable como para terminarlos lo antes posible. Además, alejarme de aquellos libros de historia me ayudaría a dejar de pensar que me había puesto en el punto de mira el primer día de clase.

Los terminé cuando ya todos estaban dormidos. Guardé los libros en una bolsa y salí de la habitación sin hacer ruido. Antes de dormir, le había pedido permiso a la profesora Cornelia para poder deambular por los pasillos con el fin de llevarle los ejercicios a mi padre y no tener que interrumpir una clase a la mañana siguiente. Ella aceptó. De hecho, al pasar por su habitación, que era la primera del pasillo, encontré las luces apagadas ¿Ya estaba durmiendo? En fin, mejor. 

Bajé las escaleras tan rápido como pude y me encaminé hacia la primera planta. Allí, los profesores contaban con un despacho para cada uno donde preparaban las clases, y además, se formaban como magos. Sabía cual era la de mi padre, al igual que sabía que se encontraría allí. Por ello, llamé a la puerta varias veces, tranquila. Sin embargo, mi padre no abrió desde el otro lado. ¿Donde diantres estaba? Llamé más, y más, y más. Y al final, la puerta que se abrió, fue la del despacho de al lado. El profesor Norman salió, curioso, para saber quien era la persona que no paraba de aporrear la puerta de al lado. -Eh... hola- dije -Te...tengo permiso para estar aquí. Me lo ha dado Cornelia. Le puedes preguntar mañana- expliqué rápidamente -Yo... venía a darle esto a mi padre, pero no se donde está. Pensaba que lo encontraría aquí- Abrí la bolsa y mostré todos los ejercicios de historia. Letra clara, cursiva, limpia. Perfectos. -Bueno, realmente no se a quien se los tengo que dar. Fue la Regente quien impuso el castigo, pero no se... si la molestaría ahora- le miré -¿Te los puedes quedar?-

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